Estamos en el pórtico de uno de los umbrales astrológicos más intensos de esta década (por no ser tan jugado de decir de este siglo).
Todos los transpersonales cambiando juntos de signo, creando un colapso total de lo conocido.
Las categorías con que venimos ubicando las experiencias parecen dejar de servir. Todo necesita ser visto desde un nuevo ángulo. Con la paradoja de que ese ángulo recién está empezando a brotar. Y no se puede, todavía, definir.
¿Entonces?
Luna nueva en Piscis, en conjunción a Neptuno y Saturno ya en Aries.
O sea:
una gran confusión, un no tener del todo claro quiénes estamos siendo, hacia dónde estamos yendo. En lo individual, y en lo colectivo.
Pero, al mismo tiempo, y esto es lo más loco y poderoso:
algo está queriendo emerger. Salvaje, caótico, indomable.
El misterio nos recorre y estalla en nuestros cuerpos, hacia dentro o hacia fuera.
Estallan las formas conocidas,
estallan los proyectos,
el fuego todo lo puebla.
Fuego de destrucción, fuego de gestación.
Luna nueva en Piscis es una breve retirada hacia dentro
un momento de frenar, respirar, sentir.
De reconocer:
sí,
son tiempos intensos los que corren.
¿Cómo respiramos en esta intensidad?
Frenar. Para procesar. Para ritualizar.
Eso:
Luna en Piscis es pedido de ritualización.
Los transpersonales giran hacia aire-fuego:
todo se acelera,
pasa algo y cuando querés empezar a hacerle lugar ya está pasando otra cosa y así sucesivamente en un cause que nos sacude a lo loco de acá para allá de allá para acá y en el medio intentamos hacer pie pero
hacer pie
tampoco entra en las categorías antiguas
hacer pie tal vez sea
apenas ese pequeño gesto,
esa respiración
en el abismo incesante,
Luna nueva en Piscis:
un pequeño gesto interiorizante
en una energía que nos va empujando de lleno
hacia la creación de nuevos mundos
y por eso
por tanto caudal creativo
se rígidiza más que nunca lo viejo.
La tensión estalla.
Luna nueva en Piscis es un instante
que nos permite
abrazar
la total y absolutamente catástrofe
de estar existiendo hoy, en el planeta tierra:
cada pulso singular
en el gran pulso colectivo.
Más que nunca
necesitamos espacios que contengan la intensidad.
La formación en alquimia tántrica es uno de ellos.
Ojalá puedas regalártela este año.
Que el estallido sea en comunidad.