Reapropiarte de tu atención para reapropiarte de tu energía
reapropiarte de tu energía para reapropiarte de tu deseo
reapropiarte de tu deseo para reapropiarte de tu vida.
Todo muy bonito, sí, pero… ¿cómo?
Empecemos por lo primero:
no hay un error en vos.
Aunque el capitalismo haya logardo hacernos creer que sí, que la cosa siempre es un problema psicológico individual… cuando la realidad es que algo viene fallando estructuralmente.
Pero quedarnos solo ahí puede llevar a la impotencia,
a sentirnos meros instrumentos de un sistema orquestado por poderosos sobre el cual tenemos nula capacidad de interferencia.
Paréntesis nerd: interferir viene de cuando un caballo chocaba su propia pata consigo mismo y se caía (un golpe entre). Tal vez el sistema es el caballo y nosotres una de sus patas que puede causar su tropiezo.
Entonces, decíamos, la no impotencia… ¿qué se puede hacer?
¡Está claro! Meditar, hacer ejercicio, entrenar tu mente con mantras y afirmaciones…
No, mentira.
Eso es solo un parche.
¿Y entonces?
La atención se va, primero que nada, porque atenderte se volvió incómodo. Y cuanto más lejos viaja la atención, más incómodo es reatenderte.
En el momento en que la atención deja de viajar a la deriva entre pantallas y demandas, tu propia existencia empieza inevitablemente a hacerse evidente. Y eso suele ser todo menos cómodo.
¿Dónde quedaste
en medio de las turbulencias de una atención expropiada, colonizada?
Muchas veces lejos de vos
de tu energía
de tu deseo.
Reapropiarte de tu atención es inevitablemente empezar a encontrarte de nuevo con vos.
¿Cómo te mirás cuando te mirás?
Ahí viene el momento tal vez fundamental
porque casi siempre se revela ese tirano que nos vive
es que te demanda siempre más, siempre mejor, siempre distinto
con parámetros imposibles o inexistentes
no hay parámetros
solo más, solo mejor, solo distinto.
Reapropiarte de tu atención requiere el cultivo de la amabilidad.
Hacia vos, hacia lo que venís pudiendo.
No como imperativo, sino como espacio en los cuerpos tensos de la hiperproductividad.
Un espacio donde devolverte la mirada, ablandándola,
donde mirar eso que solés juzgar en vos
sin juzgarlo tanto
o tal vez simplemente sea no juzgarte jugándote
y en algún lugar de la cadena la amabilidad se hace posible.
Entonces sí
tiene sentido hacerte espacio
no para afirmaciones que te alejen de vos, o para meditar suponiendo que todo tiene que sentirse bien,
sino para habitarte.
Habitarte: reapropiarte de tu propia energía.
Ni más ni menos.
No hay práctica, no hay domesticación.
Habitar todo este coso humano-animal-misterio que sos.
Como vaya saliendo, lo que vayas pudiendo.
Tampoco hacerlo una nueva exigencia.
Es continuo, gradual, cotidiano:
devolverte de la pantalla a vos, de la demanda a vos, de la presión a vos
a este cuerpo que tal vez sea un cuerpo tenso
y habitarte
sembrando amabilidad
sembrando presencia.
¿Conocés algún espacio que te invite a estar con vos?
Porque creo que de eso se trata todo.
Y así como dijimos que el “problema” no es individual
tampoco creo que lo sea la salida.
Constelaciones emergentes de organismos interferentes:
entre todxs podemos ir siendo una pata significativa con la que tropezar,
o al menos un intento compartido
de habitarnos, de tropezar la hiperproductividad sometida en una atención cálida y compartida, sinsentido y por ende abierta a su propia creatividad,
porque cuando finalmente podemos estar en nosotrxs
en los subsuelos del cuerpo tenso todavía existen ápices de deseo sin colonizar
ahí está la única liberación que nos queda
para reapropiarnos de nuestra porción de vida.
El hecho es que no hay una receta, unos pasos a seguir
solo pequeños gestos cotidianos que te van devolviendo a vos
justo ahí, cuando todo parece perdido
un stop a la atención hipnotizada en el sinsentido de la pantalla y la demanda
una pequeña pausa
una pequeña respiración presente
una pequeña mirada amable
un pequeño cuerpo habitado en la inmensidad del silencio
una revolución silenciosa y compartida
que todavía nos queda.