¿Qué viene excluyendo el campo del populismo que se realza como sombra colectiva en forma de ultraderechas resentidas?

Los más de cincuenta millones de votos de Bolsonaro no nacen de un repollo ni son un caso aislado: venimos asistiendo en el planeta tierra a un resurgimiento cada vez más fuerte de la ultraderecha, con discursos violentos hacia lo diferente como hace muchas décadas no se escuchaba.

Y si bien el primer impacto cada vez es del mismo desconcierto y terror, cada vez también me toma un poco menos por sorpresa, y me lleva de retorno a la pregunta por el mundo que venimos cocreando.

Porque acá yo no creo en buenos y malos la verdad, mal que me pese: creo en cuerpos afectados de ciertas maneras, que van considerando a partir de eso que toman la mejor elección cada vez -aunque a veces parezca que oprimen un botón de sufrimiento propio y compartido. Desde su óptica, no lo están haciendo.

¿Y qué fabrica esa óptica?

Lo que el discurso progre deja afuera

Decía que estos nuevos líderes ultraderechistas se basan siempre en discursos de odio grotesco. Me pregunto entonces inevitablemente: ¿qué de grotesco tiene, en simultáneo, la supuesta bondad progre? ¿Qué cuerpos y, sobre todo, qué aspectos del propio cuerpo quedan afuera?

No me quiero apresurar y a la vez las palabras se me escapan, se quieren escribir solas a una velocidad que por momentos ni yo llego a llegarles. Pero acompáñenme en esto un toque.

El resentimiento que resuena en tantos cuerpos no nace de un repollo. Entonces sí o sí hay que asumir que algo en el discurso inclusivo de las “izquierdas” (categorías que ya mucho no me cierran igual) está dejando afuera.

Y si me apuro un poquito, diría que lo que deja afuera es justamente a quien antes estaba bien adentro. Se me arma una lucha entre centro y periferia (más que derecha e izquierda), donde la periferia busca ganar terreno desplazando el centro. La imagen igual me encanta, me calienta, un centro que se difumina hacia múltiples centros, una periferia que gana poder y un centro que va perdiendo su propio registro de centro. La imagen me encanta, sí.

El centro no va a ceder tan fácil

Pero el centro no va a ceder tan fácil. Y ahí estamos:
los cuerpos en estos tiempos han vivido el desconcierto de otros mundos emergentes, mundos donde ya no cabe su impunidad y ciertos privilegios adquiridos, irrumpen con la fuerza del resentimiento hacia aquelles que les arrebatamos ese orden tan cómodo para elles -tan incómodo para todo el resto. Con la particularidad, claro, de que ese centro que es en sí minoría, tiene el poder sobre los artilugios de comunicación para hacer creer al resto parte de ese centro, sin serlo.

El resentimiento que acumulamos adentro

Esa es una dimensión, pero hay otra todavía más sutil que me intriga mucho. Ese humano mucho más cercano. Tal vez, si nos sinceramos por completo, ese aspecto de nosotrxs, que desea también vivir su libertad y encuentra en los nuevos tonos del respeto de lo diferente impedimentos.

Es terriblemente necesario que ese aspecto que anhela libertad entienda que, como decía Levinas, la ética es la renuncia a la propia espontaneidad ante la presencia del otrx. Pero, ¿suponemos que simplemente renuncia y empieza a escuchar?

Ahí creo que es donde caemos en la trampa.
No. Pareciera que no.
Que no simplemente renuncia.

Pareciera que, mientras externamente tal vez se corre, internamente empieza, sí, eso, justo a acumular resentimiento. Acumula, acumula y, cuando puede, cuando algo le habilita el cauce, dispara. Un voto para la ultraderecha.

Someter la libertad del otrx nunca es una regulación real. Solo la escucha.

Pero, ¿para qué va a querer aprender a escuchar al otre aquel que ya tiene el poder?

El aspecto que busca afirmarse

Vamos a la raíz, a la situación de base, a eso que, por debilidad o fortaleza, quiere experimentar su poder. Y se encuentra hoy con discursos que se lo impiden, simplemente desde un nuevo emergente moral. Ese es el humano -y el aspecto, cada quien, de su propia humanidad- que necesitamos atender.

El aspecto que busca afirmarse.

Y ya lo sabemos, suele ser así: una de las formas más eficaces de afirmarse es someter. ¿Así que durante todo este tiempo tuve prohibido mostrar mi poder? Bueno, mirá ahora cómo vuelve a salir: *impunidad de pibe facho en ascenso.

¿Qué espacios podemos aprender a tejer para una expresión de potencia y libertades, que no necesitan enemigos o súbditos para afirmarse?

No hay respuesta fácil ni rápida eh. No es solo el deporte, la fuerza física, la competencia saludable. Suma, sin dudas que suma. Pero esto es más profundo, es esa moralina de fondo que va sesgando.

El homo economicus

Y hay otro factor que hasta ahora dejé afuera: el homo economicus. Quien lee todo únicamente en términos económicos. Y para mí son dos discusiones diferentes, pero que van profundamente de la mano a la vez. Porque la economía también puede ser de cuidado de las minorías, de intentos de crecimiento conjunto, o del sálvese quien pueda, que ganen los de siempre y el resto mueran en la esclavitud. Pero el homo economicus no piensa en eso, piensa solo en qué es mejor para la propia economía individual. Es un ser profundamente individualista.

Hay algo que se roza en todo esto para mí: la discusión entre colectivo e individuo. Una discusión que, cuanto más polarizada discute, más da lugar a emergentes fascistas (de izquierda o de derecha según el menú disponible.)

Hacia una potencia sin enemigos

Y como no me sale dejar solo en el análisis aunque el texto se haga largo, quizá lo fui pasando por arriba, pero traigo el accionar:

creo que es hora de que todes nos reconozcamos, por un lado, en eso que quiere ejercer su potencia, su fuerza, inclusive su poder. Ver cómo opera en el cotidiano, qué enemigos fabrica para afirmarse.

Para que nos empecemos a hacer en conjunto la pregunta que puse más arriba y creo que cabe repetir, a modo de cierre de este artículo:

¿Qué espacios podemos aprender a tejer para una expresión de potencia y libertades, que no necesitan enemigos o súbditos para afirmarse?

Espacios que, curiosamente, requieren de lo comunitario para existir.