¿Cómo conviven lo “espiritual” y lo “político?
y por qué es urgente que lo hagan
El otro día un alumno me planteó lo siguiente:
Siento que la cosmovisión que vos transmitís es que somos siempre una bolita de lo que nos pasa: trauma familiar y transgeneracional, código astrólógico, representaciones del campo total, biología, entorno, etc…
¿Cómo puede ser entonces que plantees ir en contra de Milei?
Si es un humanito que también es consecuencia de sus traumas y sus historias…
No entiendo cuál es el medio de acción externo. Entiendo que el medio de acción interno es integrar mi lado Milei, o lo que vos hacés de integrar las partes. Pero me viene a dualidad de juicio, de Milei está mal y esto otro está bien.
Esta fue mi respuesta:
Yo creo que hay una gran diferencia en decir que todo es parte de una trama misteriosa, y “todo da igual”: Y para mí no todo da igual.
Yo tengo un gran compromiso con lo humano. Con si lo humano sigue vivo como especie, o no. No me da igual cómo están los humanos a mi alrededor, y cómo no lo están.
Yo esto lo percibo en tres planos de acción:
-el urgente, material, tangible
-el legislativo
-el profundo (los otros dos entran dentro de lo que llamaríamos lo político, este sería lo que solemos llamar lo espiritual)
En los dos primeros hay algo que es muy urgente que es que los sectores desplazados de la sociedad: jubiladxs, enfermxs, personas con temas de salud mental, pobres, comunidad LGTBQ+, etc., están siendo cada vez más desplazadxs por las políticas de este gobierno de dos maneras: por un lado, en lo concreto de sus acciones sobre lo económico y sobre lo legislativo. Por otro, a través de discursos de desprecio hacia esos sectores.
Ahí para mí hay una acción en el plano de lo urgente que es ponerle un freno a esas medidas que tienden a generar mayor exclusión de lxs excluidxs. Y a que la gente que ya tiene un montón tenga un poco más.
Después sí cabe el plano profundo, donde entran las revisiones de nuestro “Milei interior”: ese aspecto en cada une de nosotres profundamente narcisista, incapaz de empatizar con la otredad, y de reconocerse en lo “ajeno”.
De hecho desde mi perspectiva uno de los grandes problemas que hoy tenemos es que estos 3 planos no conviven en ninguna comunidad o práctica. En general quienes se abocan a alguno de estos 3, rechazan los otros (en general tal vez el urgente y el legislativo están más cerca entre sí, generando una gran brecha con el profundo.)
¿Cómo podemos ir generando encuentros de estos distintos planos, donde preguntarnos en simultáneo sobre acciones sobre lo urgente, sin perder de vista lo profundo? ¿Donde ponerle cuerpo a la práctica del amor como espacio para la otredad, sin perder de vista las acciones urgentes que necesitamos realizar frente a la exclusión?
Esas son las preguntas que hoy en día me inquietan.
Eso es lo que hoy me interesa seguir intentando construir.