BASTA DE BUENIFICACIÓN 

Somos casi adictxs a poner el mal del otro lado.
El violento siempre es la otredad.
¿Y por casa cómo andamos?

Nah, nosotrxs somos lxs buenxs, con nuestros caminos espirituales, así todo re tántrico, artistas y todo eso, ¿no?
¿Posta? ¿Vos decís?

Nadie esta por fuera de ciertos tipos de violencias.
Nadie es siempre víctima, ni siempre victimario.
Todes tenemos momentos de ambas.

Culpabilizar el afuera siempre es la estrategia más poderosa de seguir banalizando y anestesiando tu existencia.

Solo si dejás de señalar hacia allá, y empezás a revisar adentro
pueden crecer semillas de otra posibilidad.
Empezar a notar que “nada de lo humano te es ajeno”, que
nada de lo vivo te es ajeno,
que tenés la calma del océano
y la violencia arrasadora del tsunami
en tus tejidos.

Y sin poesía, vamos también:
que un montón de veces sos una simple mierda,
ejercés violencia, a veces hasta sin darte cuenta.
Y esto no implica un pecado, una culpa, tampoco:

la violencia es siempre hija del sufrimiento.
Solo que venimos en este círculo de violencias desde siempre.

Y solo si nos comprometemos profundamente con asumir las violencias que nos viven
podemos realmente ser agentes activos de la creación de otros mundos.
Si es todo color de rosa e ingenuo
inevitablemente
terminamos perpetuando violencias que creíamos por fuera de nuestras utopías.
Ya lo vimos muchísimas veces:
sueños divinos
que terminan tomados
por sus sombras.

Si no transitamos con honestidad este filo
no nos queda nada que hacer.
Pero esa honestidad cruda
tampoco se puede
sin la comprensión de fondo
de que toda violencia que nos vive nos excede
de que en el fondo no hay malxs y buenxs:
hay criaturas humanas que responden a sus entornos, siempre amenazantes, como van pudiendo.

Honestidad cruda, con comprensión amable.
Así, reconocer las violencias implícitas en nuestros modos de relacionarnos y de caminar el mundo. Reconocer eso que ni en pedo cambiamos aunque sepamos que crea sufrimiento. Reconocer los arraigos de nuestra historia.

Con contundencia y comprensión.
Con dureza y amabilidad.
Sabiendo que no venimos pudiendo otra cosa
pero que solo si lo vemos de lleno a los ojos
otros territorios realmente se hace posibles

no unos utópicos, libres de violencias
pero sí unos donde las tramas de la crueldad se van transformando
en en latido salvaje del corazón desnudo
cada vez que se reconoce en el lugar que ocupa en ese tejido.

Al final del último retiro, escribí:

sentades
en círculo de Kali
abrazando la herida en nuestros cuerpos
asumiendo la violencia en nuestros cuerpos
reconocemos
la cadena de hostigamiento
que nos trajo hasta acá
somos
la posibilidad
en este cuerpo roto
-individual y colectivo-
de sembrar
semillas de erotismo
y de ternura olvidada

Pero cuidado. Estar asumiendo tus violencias… tampoco te hace mejor (obvio que lo digo para recordarlo, también.)