A veces siento que, en pos del cuidado, se nos termina colando de nuevo la moralidad rígida y putrefacta por la puerta de atrás.

Pero es más que eso: a veces siento como si estuviéramos en cierto modo pretendiendo una mega corrección, todo super cuidado y amable, y correcto
y muy pero muy disponibles para atacar al primerx que pise el palito.

Así que, ¿qué mejor para hablar de moral que traer al Jisus otra vez?
Y que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra, ¿no?

Tantas ganas de tirar a otrx por el abismo de la cancelación
como si del lado propio fuéramos puro ser de luz, que nunca la caga.

Y sí, es cierto,
venimos de descuidos demasiado grandes como para que pase a la ligera,
de miles de tipos de violencias que han ido quedando invisibilizadas durante mucho tiempo

pero pretender la perfección
me parece igual de violento.

No es que nos chupe un huevo
o pasar por alto el error

pero sí aprender a verlo con mayor amabilidad
reconociéndonos humanxs torpes y confundidxs y que más de una vez nos la recontra mandaremos.

Y mientras sigamos abiertxs a aprender
liberándonos de culpas
creo que vamos bien

-o quizá todo esto son mis mambos de luna en virgo siempre hipercorrecta
que tuve que aprender a ser bastante irreverente
para que la vida tenga saborcito y amor
-sí, amor, porque lo que anhela hipercorrecto adentro o afuera, repito, es también violento.

A mí honestamente me cansa bastante
que todo tenga que tener triple acolchonamiento
y que cualquier movimiento que en su espontaneidad se entorpezca
sea juzgado bajo la lógica de la cancelación.

¡Y ni hablar de lo funcionales al sistema que terminamos siendo así!
Como ya decía bien el Deleuze con su concepto de sociedades de control.

Yo creo que
si aprendemos diferenciar torpeza de crueldad
cuidado e irreverencia tienen chances de otras danzas
muchísimo más vitales
y, a fin de cuentas,
sembradoras del amor.

El Tantra siempre fue un camino irreverente
que cuestiona de raíz los patrones de las sociedades patriarcales
en sus márgenes.

La paradoja es que no hay mayor irreverencia que militar el cuidado.
El problema es cuando el cuidado se termina rigidizando en una nueva moral.

Por eso me interesa siempre, pero siempre,
empezar por la escucha
para desde ahí descubrir que hay detrás de nuestros gestos
-cuido desde la empatía
o desde el anhelo de ser vistx cómo alguien re consciente?

En nombre del cuidado,
¿termino siendo violento hacia lo que asumo descuidado?

¿Cómo dialogan
lo espontáneo y lo empático
-si empatía es, como dice Levinás, demorar la propia espontaneidad ante la existencia de un otrx?

Muchas preguntas, pocas respuestas.
Eso es lo que ofrezco en nuestra formación en Alquimia tántrica
junto a un territorio fértil, donde despojarnos de juicios y ganar en amabilidad
para que las vayamos explorando
a través de las distintas prácticas que nos permiten vivenciarlas.

¿Nos vemos en la formación alquimia tántrica 2026?
Esta vuelta extendiendo el territorio:
Buenos Aires, Mendoza, Uruguay y Córdoba.