El aprendizaje fundamental de todas nuestras relaciones es dejar de esperar que sean lo que no son. Así empezó la charla que di el otro día llamada “el aprendizaje vincular”. Y de esto trata esta lunación.

Pero el tema es que, lo querramos o no, los ideales en relación se dan.
Y, si hay ideales, tarde o temprano hay desilusión.
Esta luna nueva, que pone nuestras relaciones en primer plano
se da en T cuadrada con Plutón entrando en Acuario, y con Júpiter en Cáncer:
¿cómo vivo los afectos más íntimos?
¿Qué sombras intento ocultar para agradar?
¿Cómo me vinculo con lo desagradable?

Empecemos por lo primero:
Júpiter en Cáncer, cuadrando con la luna, pone de relieve la necesidad de afectividad en las relaciones para que no se pierdan en virtualidades frías y distantes. Pero la afectividad no necesariamente es lo que creemos: ¿será afecto el aprender a registrar también los modos en que le otre se siente queride?

Porque, no sé si lo notaron, pero para todes es diferente. Yo por ejemplo me siento querido a través del contacto físico -bastante básico lo mío. Pero hay otras personas que no les gusta tanto el contacto, que necesitan aire, y que de pronto se sienten queridas a través de una palabra de admiración o afecto, o través de un gesto simple, o de un compromiso… en fin, somos criaturas muy diversas. Y vuelvo a lo que esta lunita nos sugiere: tal vez el afecto tenga que ver con aprender un poco más de cómo ese otrx humanitx se siente queridx -y actuar en consecuencia.

Entendiendo que es indispensable para que la relación encuentre sus sentidos, que tengamos en cuenta los requerimientos de nuestro lado más mamífero.

Pero la cosa no termina ahí, porque aparece bien en juego lo plutoniano.
En plena temporada libriana donde algo quiere quedarse más del lado de lo bonito
esta luna nos lleva, justo en la previa de que el sol entre en escorpio y haga cuadratura partil con Plutón (se vienen unos días moviditos esta semana), a que miremos a la sombra a la cara. Pero todavía con tono libriano.

Sería algo así como una mirada amable de eso que nos desagrada
permanecer ahí, en ese asco, sin forzar que sea otra cosa
pero tal vez simplemente haciendo lugar
a descubrir también la belleza de eso que nos aparece en primer término como monstruoso.

Una belleza que solo puede brotar
cuando miramos amablemente a eso que tanto hemos rechazado
en esa otredad, en vos,
en el tejido relacional en sí.

Porque tal vez
en eso que se representa como “defecto”
es que viva tu mayor tesoro.