Algunas resonancias con el libro Oreja Madre de Dani Zelko
13/07/25
2 sueños diferentes donde sufro violencias. En el primero, por personas muy blancas, de ojos completamente blancos. Dicen que son skinheads. Me chicanean en la calle. Me persiguen. Van avasallando a quienes se cruzan. Ladran. No muerden.
En el segundo sueño, el país en el que estamos con mi familia es invadido. Creo que es el mismo sueño. Habíamos ido a buscar algo que habíamos dejado olvidado en la mesa de un bar. Y por las mismas calles por las que veníamos, avanza una invasión. Quiero volver a buscar a Maga. No puedo. Tropas armadas que golpean, secuestran, sesinan. Nos atrapan. Pierdo de vista a Maga y a Clarú. Dicen que van a crear quemar una trenza para prender las estufas. Es la trenza de Clarú. ¿Dónde está? La desesperación es total. Quiero encontrarlas. Si me muevo, me matan.
El sueño tiene una imagen más: unos piletones grandes, llenos de niñxs. La veo desde afuera. Está Clarú. La torturan a ella y a otrxs niñxs para que digan dónde están sus padres. La desesperación es total.
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Las guerras hoy del mundo parecen lejanas, casi ajenas. Pero nunca lo son. Basta ponerse en la piel de una de todas aquellas personas. Y ya no tiene nada de ajeno. El mundo está asistiendo a u genocidio sin precedentes desde el nazismo. ¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Cómo podemos generar desde el otro lado del mundo tramas, acciones, palabras, que suenen a algo entre tanto dolor?
Lo más claro que tengo, mi única arma, es la palabra no-dual.
(Tan débil que soy que cantar es mi mano alzada y fuerte, canto, canto…)
¿Qué se puede hacer, hoy, para que la escuchemos? Para gritarla, para cantarla, para susurrarla…
Poder comprender en nuestras carnes cada parte de la trama. Desde el pibe de Hamas al del ejército israelí al civil que muere de hambre y desidia en Gaza. Entender profundamente, en el cuerpo, las tramas de violencia y desesperacion que llevan a cada quien a cumplir su papel en esta trama del horror. Entender sin bandos, sin justificaciones baratas. Entender con dolor y contundencia.
Entender que detrás de cada tiro -de quien dispara y de quienes mueren- hay siempre una criatura humana, y una serie de historias (de humillaciones y violencias) que le llevan a estar justo ahí, en el lado que ocupa de la muerte. Historias que no podemos ni imaginar.
Por eso nuestra tarea principal es aprender a ESCUCHAR.
15/07/25
Dani Zelko hace mucho énfasis en su libro Oreja Madre (que vengo de leer y llorar en una semana de gripe y desgarro): ¿cómo podemos hablar del otrx sin escucharle?
En los medios, la otredad es solo un número, una máscara sin rostro. Terroristas, salvajes. El otro, la otra, es siempre inhumano. Bestial. Otrx.
Dani traduce una carta que le escribe un palestino a su amigo. Le cuenta uqe no va a intentar partir. Que su sobrina perdió una pierna por salvar a sus hermanxs. Me tengo que quedar en el horror, dice.
En cada palabra, pura humanidad. Los números ya no son números. Murieron 20.000 niñxs en Gaza. Ya no so 20.000 niñxs. Son cada niñx, cada desesperación, cada desgarro. Cada familia desesperada. Masacrada. Hambrienta. Duele hasta el fondo del dolor.
Criaturas humanas
despojadas de todo lo que nos convierte en humanxs.
Excepto, quizá, de ese amor que puede seguir siendo posible…
Qué fácil es, al toque, hacer del genocida israelí la otredad, lo ajeno, lo salvaje. Lo inhumano.
Y no solo del genocida: de todx judíx. (Otro dato clave del libro de Dani: el énfasis en diferenciar a lxs judíxs del estado de Israel. Ojalá podamos darnos cuenta de esta diferencia.)
Caen bombas iraníes sobre Israel. Leo en Instagram muchos comentarios que lo celebran. Olvidando, otra vez, la humanidad detrás de cada muerte.
Hilos de violencias
que perpetúan
para siempre
otras violencias.
Leo también en el libro de Dani memorias del Gueto de Varsovia. En primera persona. Del horror total del holocausto. Memorias cercanas en el pueblo judío. En el sueño sionista de mi abuelo. Sí, de mi abuelo. ¿Cómo no iba a estar dispuesto a lo que fuera con tal de sentir un hogar? Después de tanto exilio, tanta muerte alrededor… En el fondo solo buscamos un hogar.
Décadas después, esta memoria crea un nuevo genocidio. El gueto de Varsovia es Gaza. La víctima se convierte en victimario. Los tejidos de la violencia perpetúan la masacre.
En cada disparo dado viven las memorias del disparo recibido. Cada humillación recibida, crea humillaciones.
Mientras tanto seguimos sosteniendo bandos. Ciegxs y sordxs a la humanidad que vive del otro lado.
Cuentan los mitos familiares que mi bisabuelo, en la primera guerra mundial, luchando por Alemania (la misma que después lo mandaría a 3 campos de concentración diferentes) se miró a los ojos con un inglés. Rifles en mano. Y decidieron retirarse.
No podemos matar
si sentimos
la humanidad del otre,
si miramos sus ojos asustados,
si escuchamos
sus historias.
Por eso nuestra tarea principal es aprender a ESCUCHAR.
Hermoso y humano texto. La escucha y el gesto pequeño que acompaña a cada uno de nosotros en nuestra humanidad. Juntarnos a pensar de nuevo lo colectivo. Gracias por esta perspectiva.