Vemos genocidios en redes sociales. Vemos salir a la luz las peores atrocidades en manos de los más poderosos.
¿Y nos pensamos que es azar? ¿Que es que tenemos algún poder?

El otro día leía un post de una psicóloga conductual de cómo, para insensibilizar los celos que puede traer una relación no-monógama, es preciso exponernos varias veces al estresor. O sea, contarse de esas otras relaciones con todo lo que mueva. Cuanto más, menos va a mover.

¿Será que algo parecido estamos viviendo en esta etapa del mundo?
Nos exponen sistemáticamente a las peores desgracias.
Y cada vez estamos más atornilladxs a la conformidad.
Cada vez más prácticas espiritualoidas y corporales para calmarnos, para “aceptar”.

Pero aceptar hoy en día es casi pecado, mi amigx.

No son tiempos para aceptar si me preguntás a mí.
Son tiempos para arder.

Arder de furia ante tanta mierda normalizada.
Arder de pasión en eso que está para destruirlo todo,
para crear otros mundos.

Pero, ¿qué mundos podemos crear?

Se me vino una imagen. Al estilo V de Venganza: marchamos, silenciosxs, desarmadxs. Una marea humana sin precedentes, que le empieza a decir que no a todo esto.
Siempre puede volver otro.
Mientras haya estructuras de poder, habrá personas listas para lo que sea con tal de sentirse arriba. Bien poderosas. Lo vemos cada día.

Reestructurar el poder
para estar al servicio de la potencia de lo vivo.
¿Utopía?
Puede ser. Pero urgente.

El camino hacia la extinción ya está trazado.
Y no quiero la extinción, lo lamento.
Prefiero arder mientras tanto.

No sé bien cómo se hace, no tengo idea.

Me sale siempre ir hacia la comprensión, también.
Entendiendo que toda experiencia humana es siempre cocreada colectivamente, no puedo más que preguntarme:
¿cómo terminamos creando la isla de Epstein?

No ellos. No. Eso es fácil. Nosotrxs. Las criaturas humanas que somos.
Qué pulsiones de poder nos llevaron por estos caminos del abuso, la violación, el canibalismo. Qué pulsiones…
O qué perdidas. Qué insensibilizaciones.

Y si el plan es seguir insensibilizándonos… ¿cómo romper el plan?

Sentir. Sentir con toda este asco, esta furia. Este dolor…
Esta necesidad de un contacto que repare entre tanta mierda.
Todo junto. Todo mezclado. Pero sintiente.

Es claro:
insensibilización y extinción van de la mano.

Resensibilización -hacia el propio cuerpo, hacia la empatía de reconocer la otredad-
va de la mano de posibilidad.

Y no es cómodo. No es fácil.
Resensibilizar: restituir los tejidos de nuestra vulnerabilidad y nuestra potencia compartida. Reaprender a habitarnos en cada una de nuestras expresiones humanas.

Es hora de dejar de huir gente.
Es hora de volver a sentir
y a sentirnos.

No veo otro camino.
Y realmente lo quiero nutrir de todas las formas que sea posible.
Por mi hija. Por todas las niñas, los niños, les niñez
que heredarán este mundo.
Que haya un giro antes del colapso final.
Mi amor lo canta.
Aunque a otras partes le suene ingenuo.
Mi amor canta el giro
en el umbral del dolor y de la furia
el giro de una posibilidad abierta
de volver a cuidarnos, a reconocernos,
a amarnos.

Hoy, más que nunca de los nuncas:
Tantra.