22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sentido.

Así empieza el último punto del manifiesto que acaba de publicar Palantir. Para quienes no ubican, Palantir es una empresa de Silicon Valley que provee de mecanismos de inteligencia artificial a EEUU, facilitando el control social con estos medios.

Pero el tema no es solo que hace, sino lo que defiende. Sus dueños y CEO’s son de los principales opositores a la democracia como hasta ahora la conocemos, sugiriendo que lo que ahora toca es un nuevo tipo de feudalismo: el tecnofeudalismo.

Y para lograrlo, como queda claro en el punto 22 de su manifiesto, entre otras cosas se requiere llevar el pluralismo hacia una noción de sinsentido. Porque lo que tendría nuevamente sentido es la imposición de una verdad como la verdad. En otra parte del manifiesto dice “Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas.” Por supuesto, poniendo la cultura estadounidense como aquella que más avances vitales ha ofrecido. Y sabemos qué culturas quedan del otro lado.

Entonces, veamos el mapa que van trazando los tecnócratas, que son los personajes más poderosos del mundo actual:

la visión de que su propia cultura es superior a las otras, y que el interés por la diversidad y la pluralidad es un sin sentido que solo resta poder a la definición del propio estado-nación.

¿Solo a mí este tipo de pensamientos me resultan incómoda y extremadamente familiares?

Ya recorrimos este camino infidad de veces los humanos. En las cruzadas, en la masacre de América, en el nazismo, en el sionismo… nada nuevo bajo el sol en proclamarse superior a la otredad, que queda ubicada como “disfuncional y regresiva”.

Por eso necesito que volvamos a mirar a este mundo a los ojos, si es que los tuviera. Mirarlo de lleno, en toda su cruda tempestad. Humanos, una y otra vez, repitiéndose superioridades que justifican masacres. Humanos, una y otra vez, masacrados ante la ceguera que supone lo otro como inferior. Humanos, una y otra vez, humanos.

Por eso, en los auges de un nuevo sistema de feudalismos tecnocráticos, nos toca sostener encendida la llama de lo diverso y múltiple. Aunque cada vez venda menos en un mundo que vuelve a instalar el poder en la anulación de lo diferente.

Y la gran paradoja es que no se trata de anular esa diferencia. Pero sí de no renunciar a la propia perspectiva de mundo: un mundo donde todos los mundos puedan coexistir.

Como comunidad humana, hoy tenemos una gran tarea por delante. En palabras de Sarah Schulman, “la responsabilidad crucial de resistir la reacción desmedida ante la diferencia y de ofrecer alternativas de comprensión y complejidad.” Y enuncia muy claramente: es la comunidad que rodea un Conflicto la fuente de su resolución.

Y el conflicto que hoy atravesamos a veces parece enorme e inabarcable. Pero no deja de estar tejido por criaturas humanas, que siguen viviendo como si estuvieran en medio del desierto y sin recursos, aunque hoy el mundo se nos revele más abundante que nunca. Todos quijotes, luchando guerras inventadas. Que curiosamente acaban por volverse reales cuando ambos bandos participan del mismo invento.

La gran pregunta que me convoca es cómo cada unx de nosotrxs, desde su lugar y don singular, artistas, mapadres, políticxs, docentes, terapeutas, filósofxs, humanxs, somos capaces de militar lo diverso, ahí donde la ternura y el erotismo se entrecruzan.

Volver a leer a Levinas en esta época donde se confunde libertad con inexistencia de la otredad, recordando su ética basada exclusivamente en la “demora de la propia espontaneidad ante la presencia del otrx.”

Y no renunciar a esa tan hermosa palabra-experiencia, sino resignificar la libertad como la ruptura de aquello que nos ensordece ante la presencia otra, la libertad como la coconstrucción de un camino compartido hacia el reconocimiento de la abundancia que impregna nuestro mundo actual, oculta tras las memorias de antiguas carencias que cargan nuestros cuerpos (creando, una vez más, el mundo de carencias imaginado).

¿Puede la libertad concebirse como la acción que nos va liberando de las heridas del pasado, y nos devuelve como comunidad, donde la renuncia y la afirmación van danzando en cada relación de diferentes?

Militar en lo diverso, de diversas formas, que escapen a la norma, explotar juntxs de los sentidos estancos para proliferar juntxs hacia nuevos modos de libertad. Siempre compartidos. Donde comunidad e individuo no se anulan, sino que se potencian mutuamente. Ni capitalismo ni comunismo. Ni tecnofeudalismo, ni debilidades condescendientes:

comunidades de diversidades
militando la existencia de un mundo donde todos los mundos puedan danzar.